terça-feira, 25 de novembro de 2014

VENERABLE CONCEPCIONISTA "MADRE MARIANA FRANCISCA DE JESUS TORRES Y BERRIOCHOA


VENERABLE CONCEPCIONISTA "MADRE MARIANA FRANCISCA DE JESUS TORRES Y BERRIOCHOA


Mariana fue la primogénita de D. Diego Torres Cádiz y de Doña María Berriochoa Álvaro, que también tuvieron dos hijos varones; nació en el año 1563 en España. La familia vivía en un pueblo de la provincia de Vizcaya, junto a las dependencias de la parroquia. Esta dichosa vecindad, a sus siete años, le daba lugar a ciertas fugas inocentes y frecuentes, con dirección segura y por todos conocida: ir a los pies del Sagrario, donde su corazón encontraba el amor de su vida. Un día se produjo un gran incendio a causa de un descuido del sacristán, que consumió todo el templo, parroquias y sus dependencias, llegando el fuego hasta su casa, sus viñedos y pertenencias, reduciéndoles casi a la mendicidad. Por estas y otras razones, con esfuerzo y sacrificio, la familia se vio obligada a salir a Santiago de Galicia.
Rumbo a las Américas En 1556, las piadosas mujeres de Quito, en comunión de ideales con su primer obispo, Don García Díaz Arias, habían elevado ferviente petición al Rey de España, Don Felipe II, para la fundación de un Monasterio de la Limpia Concepción. Pasados algunos años, el Rey escogió personalmente en la provincia de Galicia, a cinco monjas Concepcionistas, que bajo la dirección de la Madre María de Jesús Taboada, llevasen a Quito el espíritu de la Orden de la Inmaculada Concepción. Marianita contaba tan solo 8 años cuando lo supo. Creyó llegada la hora para dar expansión a sus ansias de amor sacrificado, correspondiendo a su Divino Esposo. Rogó y obtuvo de su tía, la Madre Taboada, que la llevara consigo como aspirante a la vida religiosa. Los razonamientos de su madre, peticiones de su padre y hermanos no fueron capaces para dar marcha atrás. La precoz niña veía ser esa su vocación y le hacia mucha ilusión. Se bien que, grande era el dolor de la separación de sus padres y de su patria, más grande era el fuego del amor Divino. Después de pasar por grandes vicisitudes, al fin, al clarear el 30 de Diciembre de 1576, los clarines y tambores de la banda alegraban al pueblo por la llegada de las religiosas fundadoras. Marianita, cuya entereza de ánimo no había flaqueado en la extremadamente dura prueba de la travesía; se convirtió en un núcleo de admiración y respeto.Consagración al Señor El 13 de enero de 1577, fue una fecha muy importante para la comunidad, que veía realizada la fundación. Por entonces Marianita estaba de Postulante. El 8 de septiembre de 1579 cumplidos todos los requisitos y casi cumplidos los 16 años, en una sencilla ceremonia tomó el Santo hábito. Sobresaliendo en la oración y la penitencia, se decía de ella, que "era una monja en miniatura". El 4 de Octubre de 1581, Marianita, emite sus Votos entregándose por entero al Señor en un Místico Desposório: "Dios Esposo y dueño del alma ". Acabado de pronunciar los votos de Pobreza, Castidad y Obediencia, Marianita es sacada de sus sentidos y entra en un gozo estático por la aparición del Señor, quien amorosamente le acepta como Mística Esposa y le da a conocer profecías que se irán cumpliendo en el transcurso de los siglos, llegando hasta el siglo XIX.En los Oficios del Monasterio Fue muy probada por su propia tía, y en todo sobresalía con la virtud y humildad. Se distinguía en todos los oficios  que le tocaba. Hay constancia de hechos con matices extraordinarios, como el multiplicar panes, porque no llegaban a toda la comunidad, siendo 'provisora'. Curar a una joven que se dedicaba a los menesteres de la cocina y que un día se quemó la cara y el brazo; viendo que el facultativo no daba esperanzas por haberse formado ya una gangrena, ella se ofreció a atenderla y en un mes, hizo que todo desapareciera, sin dejar huellas.
Su alma se recreaba y gozaba con los detalles para los actos litúrgicos y sobretodo la Eucaristía, cuando era sacristana; también como vicaria de coro formó jóvenes en el canto, y armoniun para la solenmización de la liturgia.
La ciudad de Quito le llegó a conocer por sus consejos y ayudas que hacía con las personas que se acercaban al Monasterio, como la Madre.Como Abadesa A la muerte de su tía, la Madre María de Jesús, el año 1593, que había llevado 16 años en el cargo de abadesa y fundadora; la Madre Marianita fue proclamada por unanimidad Abadesa del Monasterio, contaba con 30 años. Llega el término de su primer trienio, es reelegida por segunda vez, pero donde el Divino sembrador había regado, abonado y fecundado el dorado trigo, había crecido la cizaña. Una monjita criolla, a quien  los cronistas de su tiempo denominan "la capitana", apoyada por un eclesiástico, pariente suyo, provocó la desunión monacal. Por aquellos tiempos la diócesis de Quito estaba bajo la dirección del Obispo Franciscano, Fray Luis López de Solís. Su vicario general, dejándose llevar por las palabras de la "monja capitana" destituyó de su cargo a la Madre Marianita y fue encarcelada en el mismo monasterio. Sólo la sacaban al refectorio para recibir de la comunidad improperios, insultos, desprecios, etc. mas ella, todo lo recibía con gran humildad y obediencia. Este ejemplo de sumisión, de no defenderse y solo confiar en su amado que todo lo sabe y lo permite para el bien del alma, sirvió para que otras hermanas se unieran a ella, llegando a 25 que pasaron por los mismos castigos, porque comprendieron que la cosa iba mal en la comunidad. Por fin llega a los oídos del Obispo lo que estaban pasando en el Monasterio de la Limpia Concepción. Con dolor escuchaba las quejas del pueblo. Acudió pues al Monasterio para informarse personalmente y poner las cosas en su sitio y  la normalidad se fue restableciendo poco a poco gracias también a la bondad de la Madre Mariana de Jesús.Aliento y consuelo de los demás Uno de los muchos casos es el siguiente: Una madre que temía perder a la niña que esperaba con mucha ilusión, corrió al monasterio a pedir oraciones a la 'madre Marianita' y ésta le retornó a la hermana portera el obsequio de "agüita de anís del país" para que la tomara con confianza de que su parto iría bien y daría a luz una hermosa niña, sana, robusta, destinada por Dios para el Monasterio. Pasado el tiempo, la niña ingresó en el convento. Se preparó para recibir el hábito y profesión religiosa y emprender el camino de la perfección, esforzándose siempre por pisar en las mismas huellas de santidad de su maestra; y así fue. Cuando desempeñaba el oficio de enfermera, le preguntó a la madre si deseaba recibir los últimos sacramentos, esta le contestó que todavía no había llegado su hora, que los recibiría gozosamente el 16 último de su vida. Apenada la joven religiosa la dice: Madre le ruego me lleve y no me deje ya que no tengo fuerzas físicas para resistir la dura prueba, a lo que la madre le respondió: pide al Señor esta gracia, si le place concedértela, prepárate para irnos. Y así sucedió, ella pide permiso a su madre abadesa para morir, pide que se le conceda el hábito más viejo para su mortaja, pide que venga su confesor, pide un hoyito en la huerta para su entierro, pide perdón a toda la comunidad y llena de alegría va a los pies de Jesús y se deshace en lágrimas de felicidad.Cuando la madre Mariana murió, ayudó a preparar las cosas en la sacristía y ya colocado el cadáver en el coro para la ceremonia que se celebra al día siguiente, pidió a la Madre abadesa que le dejara pasar junto a su madre el último momento. Se le concedió y se colocó a los pies con la frente y las manos sobre ella y no se movió de allí hasta que a la una de la madrugada vino la madre trayéndole una taza de caldo para que tomara y al llamarle no respondió; le llamó mucho la atención porque era una hermana dócil, la tomó del hombro para verla y cual fue el susto verla muerta con sangre en sus manos, boca y los pies de la difunta. La llevan a la celda y solo pueden confirmar su muerte. Así pues, la hermana Zoila Blanca Rosa de Mariana voló al cielo junto a su madre y maestra. Era vista en Quito, como la 'madrecita' que arreglaba los problemas y conflictos familiares. También se da fe del don de bilocación en Madre Mariana, para ayudar a los que se encomendaban a ella cuando hacían viajes en mulos ya que los caminos estaban llenos de ladrones.Últimos días
La Navidad de 1534 fue una fiesta inolvidable para toda la comunidad, porque sabían que sus días se acortaban y todas querían unas palabras de la madre querida, que les decía entre otras cosas: "Mirad hijas mías, que mi destierro se ha prolongado mucho, todas mis hermanas fundadoras gozan ya de la visión de Dios, dentro de un mes y medio también yo os dejaré, como nos han dejado ellas".
La llama su biógrafo la "Monja que muere tres veces"<p>porque se comprueba histórica y documentalmente que esta bendita monja, murió realmente en el año 1582; luego sigue viviendo y muere por segunda vez el 17 de septiembre de 1588, para resucitar y volver a morir definitivamente el 16 de enero de 1635 a la edad de 72 años.</p> A las tres de la tarde dejó de latir el corazón de Madre Marianita.Después de la muerte Todo el pueblo de Quito se volcó para ver por última vez a la "madrecita buena"<p>. Entre el gentío había una pobre mujer, llamada Petra Martínez que deseaba llegar a las rejas del coro y suplicar curase a su niña ciega de nacimiento, que contaba con cinco años. No cesaba de repetir:</p>"Madre Marianita, duélete de nosotras! ¿Qué será de esta niña, después de mi vida? ¿Quién le acariciará como lo hacía vuestra merced? Insistía la madre, deje que la mire por primera y última vez mi niña, luego la madre metía la mano por las rejas con solo el deseo de coger una rosa que adornaba las andas y al no conseguir lo deseado salió corriendo y trajo un palo y así obtuvo lo deseado y con gran alegría cogiendo a la niña le frotaba los ojos pidiéndole a la madre Marianita le curase. Y así entre llanto y súplicas se quedaron dormidas por un buen rato. Al cabo, la madre se despertó y comenzó nuevamente con sus rezos que despertó a la niña, la cual se incorporó poco a poco en las faldas de su madre y luego dando un salto a las rejas exclamando: "Madre Marianita qué bonita ha sido, pero no duerma ya más, despiértese y levántese, otra madrecita tan bonita también está durmiendo"<p>a estas voces la madre no cabe en su asombro y el milagro se cumplía.</p> Son muchos los prodigios obrados por la intercesión de esta sierva de Dios.Madre Santísima. del BUEN SUCESO! Tu que amasteis privilegiadamente a tu hija y confidente la Sierva de Dios madre MARIANA FRANCISCA DE JESUS TORRES, en los dias de su vida mortal: alcanzanos de Jesucristo Nuestro Senor, que ese vuestro amor de preferencia lo podamos comprobar concediendonos la gracia que ahora te pedimos; y la extraordinaria de verla elevada al honor de los altares en no lejano dia, para que la Iglesia y la Patria ecuatorianas cuentan prontamente con una intercesora poderosa que nos salve de los males fisicios, morales y sociales que acucian nuestras vidas y nos llevan al borde de la angustia. !Salvennos sus ruegos y su antiguo amor a Quito y a todo el Ecuador! Padre Nuestro, Ave Maria y Gloria.Bajo el Altar de una capilla interior del Monasterio, se conservan 4 de los cuerpos incorruptos de las Madres Fundadoras.
Uno de ellos es el de la Madre Mariana de Jesús Torres.Bajo el Altar de una capilla interior del Monasterio, se conservan 4 de los cuerpos incorruptos de las Madres Fundadoras. Uno de ellos es el de la Madre Mariana de Jesús Torres.MADRE MARIANITA Y LA VIRGEN DEL BUEN SUCESOMADRE MARIANITA Y LA VIRGEN DEL BUEN SUCESO
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    Venerable María Tomelín del Campo, Concepcionista

     

    Venerable María Tomelín del Campo, Concepcionista

    Venerable María Tomelín del Campo, Concepcionista
    Junio 11

    María de Jesús de Tomelín del Campo nació el 21 de febrero de 1579. Fue hija de don Sebastián de Tomelín, nacido en Valladolid, España, quien era dueño de obrajes y haciendas, con las que hizo una buena fortuna; su madre fue Francisca del Campo, una criolla nacida en la Ciudad de México, quien desde su embarazo la consagró a la Virgen del Carmen. Fue bautizada 4 días después por Tomás Ruiz, en la Parroquia de la Iglesia Catedral, y su padrino fue Alfonso de la Huerta.
    Se cuenta que desde su niñez vivió en un mundo místico. Sus biógrafos relatan que recibía la visita de las Almas del Purgatorio; la Virgen María le ofrecía al Niño Jesús y recibía también ayuda de Ángeles guardianes.
    Francisco Pardo cuenta que María de Jesús, a la edad de cinco años, vio en una noche a cierto tío suyo difunto, el cual le pidió que le dijera a su padre que le ayudara a salir del Purgatorio dedicándole unas misas a su alma, por lo que el padre dijo a su hija: "Hazle estas y estas preguntas a tu tío cuando lo veas", las cuales hizo esta criatura admirable, y salió de ellas tan cierta la noticia de la verdad del caso, que dichas las Misas, se alivió aquella alma y se engrandeció esta niña.
    Su infancia está llena de inocentes anécdotas y prematura vocación que era alimentada por su madre; es probable que sus virtudes hayan sido exageradas por sus biógrafos del siglo XVII, quienes dicen que a los 6 años, inspirada en la vida de San Juan Bautista, fue a una cueva donde permaneció casi una semana hasta que su angustiado padre la encontró.
    En el libro "Sor María de Jesús, El Lirio de Puebla", su autor, Enrique Gómez Haro, relata otra anécdota de su infancia:
    "Presentóse una vez a la niña un mendigo tan necesitado, que le hizo llorar mucho, no sólo por compadecerse de su miseria, sino porque no podía remediarla; acudió a la Santísima Virgen, rogándole que la socorriese para auxiliar a aquel pobre, y, al comenzar su oración, cayó de la bendita Imagen una moneda de dos reales, que, con el mayor júbilo, entregó al pordiosero. Vio este prodigio una hermanita de nuestra Venerable, a la que previno que lo tuviese oculto, como lo hizo durante largos años".
    María de Jesús pasaba horas en el oratorio familiar. Se dice que veía a la Virgen María. Don Sebastián, su padre, escéptico y de carácter arrebatado, responsabilizó a su esposa de la despreocupada actitud de la niña para las cosas del mundo, pues como era costumbre, las mujeres se casaban muy jóvenes y él quería entregarla en matrimonio.
    María de Jesús se enfermaba cada vez que su padre hablaba de la boda. Al parecer, don Sebastián de Tomelín presionaba mucho a su hija para casarse con un caballero rico y poseedor de un mayorazgo. Se dice que en una ocasión su padre sacó una daga y corrió tras de su hija que se refugió en un armario, al cual hizo trizas con el puñal. María de Jesús, bajo la constante presión de su padre, caía enferma al grado de desahuciarla los médicos.
    Al final, el padre no pudo impedir que su hija abrazara el estado religioso. Un día de mayo de 1598, cuando se dirigía al templo de Nuestra Señora del Carmen, acompañada por su madre y su hermano, al pasar por el Convento de La Concepción, se detuvo diciendo que quería entrar a pedir un poco de agua. Logró entrar para nunca salir ya de aquella su anhelada clausura.
    A los 19 años, María de Jesús de Tomelín tomó los hábitos de la "Limpia y Pura Concepción de María Santísima", y pasó larga temporada de discernimiento en la que pidió permiso a la Maestra de Novicias para hacer penitencias de sangre; enfrentó duras pruebas de fe por lo que el Obispo de Puebla, don Diego Romano, pidió a un sacerdote que cuidara la conducta de la aspirante.
    Algunas prácticas que buscaban "la perfección cristiana", como ayunos, flagelaciones, uso permanente de púas y distintas formas de sufrimiento y destrucción del amor propio, fueron utilizados por las monjas durante mucho tiempo.
    El 17 de mayo de 1599, hizo su Profesión solemne. Su compañera de rezos, Agustina de Santa Teresa, fue su primera biógrafa. En el Convento, Sor María de Jesús fundó la Cofradía del Rosario y luego, dos asociaciones más: la del Carmen y la del Dulce Nombre de María.
    Al tener la edad canónica, su comunidad pensó en elegirla como Abadesa, pero esto le ocasionó muchas envidias de sus compañeras. Existen testimonios de que Dios hacía prodigios por mediación suya y le atribuyen dones de bilocación, clarividencia, telequinesis y profecía. Eran muy frecuentes en ella los éxtasis, que se hicieron públicos en la comunidad, cuyas monjas la vieron muchas veces elevada en el aire. Algunas compañeras decían que "tales milagros eran hechicerías" y la llamaron embustera.
    Es difícil entender algunos aspectos de la vida de esta monja "iluminada" sin conocer como era la vida en los conventos a principios del siglo XVII. Una monja "iluminada" es aquella que logra tener visiones y revelaciones como las solía tener Sor María de Jesús, ya que "lograba" ver a Cristo, niño y adulto, en la Hostia Sagrada.
    El problema con estas revelaciones es que era muy difícil saber de qué lado estaba, es decir, si del lado de la ortodoxia sostenida por la Iglesia: las monjas "iluminadas"; o del lado de la herejía: las llamadas monjas "alumbradas", quienes simulaban tener visiones santas, pero en realidad no eran más que una especie de embusteras.
    Se conocen en Puebla, por lo menos, a tres monjas "iluminadas" durante el siglo XVII y principios del XVIII. Sor María de Jesús de Tomelín fue la más famosa, ya que tuvo doce intentos para ser beatificada, pero sin éxito hasta ahora.
    Los conventos femeninos podrían clasificarse en los de las religiosas que guardaban la vida común, denominadas "Descalzas", y los monasterios donde se podía observar una vida particular, los de las monjas "Calzadas". Las Ciudades de México y Puebla fueron las que más conventos de este segundo tipo tuvieron durante la época colonial.
    En los conventos de monjas "Calzadas", como el de La Purísima Concepción en Puebla, se permitió el ingreso de "monjas de velo negro" en dos categorías: "supernumerarias" y "numerarias". Estas monjas podían vivir gracias a los réditos de la dote que daban sus familias, por lo que el monasterio no se encargaba de su alimentación, vestuario, habitación y gastos.
    Las monjas que nunca llegaban a reunir el dinero suficiente de una dote, no podían aspirar a profesar como monjas de velo negro y coro, y quedaban, por lo tanto, como "monjas de velo blanco". Las monjas numerarias y supernumerarias tenían sirvientas o esclavas por lo que no necesitaban de los servicios colectivos.
    Sor María de Jesús contaba con los servicios de una esclava asiática, llamada Isabel, quien era grosera con ella, pero lejos de despedirla, actuó con tolerancia y humildad.
    Con el ingreso de este tipo de monjas, los espacios originalmente asignados para los huertos se convirtieron en las celdas y patios que ocuparon estas monjas privilegiadas. Cada celda, de alguna manera, reproducía el estatus social de cada religiosa.
    Es importante tener en cuenta que para el siglo XVII las mujeres eran consideradas como seres débiles y menos inteligentes que los hombres. Las leyes de entonces las trataban como menores de edad que necesitaban protección. Se pensaba que eran tan poco responsables que no podían ser testigos en testamentos, ni ser fiadoras ni tampoco ser encarceladas por deudas.
    Su condición estaba reducida a ser hija del padre o esposa de su marido, o bien tenían otra opción, entrar a un convento.
    En el Convento de la Concepción, Sor María de Jesús se destacaba por virtudes como la paciencia, ya que cuando otras monjas la calumniaban y acusaban de hipócrita, embustera, ilusa, santera, alumbrada y hechicera, mostraba una gran humildad y espíritu caritativo, como señalan algunos de sus biógrafos, puesto que toda la comida que le regalaban, por ejemplo, se las daba a las enfermas.
    Otra virtud era su castidad, puesto que los pecados de las mujeres eran vistos como parte de su naturaleza corporal y sensual, siendo los hombres seducidos por la corporeidad que la mujer ofrecía. Para probar esta virtud se debía resistir a la tentación. El demonio tenía la capacidad, dentro de las visiones de las iluminadas, de trasmutarse en un hombre o en distintos animales como tigres y leones.
    Estas apariciones eran constantes y en cierta forma eran una especie de requisito para que estas monjas iluminadas lograran una auténtica unión mística con Dios.
    Sobre el don de profecía, Sor Agustina de Santa Teresa escribió que Sor María de Jesús profetizó su propia muerte y también predijo, que después de su muerte, seguiría la del Obispo de Puebla don Gutierre Bernardo de Quiroz y en su lugar llegaría un pastor santo, aunque en esos momentos todavía no estuviera ordenado como sacerdote, su gobierno será santo pero padecerá muchos trabajos, es decir, estaba hablando de Juan de Palofox y Mendoza.
    En cuanto a la capacidad de penetrar las conciencias, se cuenta que fue capaz de descubrir a su compañera de celda, sor Agustina de Santa Teresa, quien recopilaba información sobre todos sus actos, por órdenes del Obispo de Puebla Alonso Mota ya que se había percatado, junto con el confesor de Sor María de Jesús, el padre jesuita Miguel Godínez, de las virtudes de esta monja iluminada.
    El padre Godínez fue un especialista para distinguir monjas iluminadas. La catalogaba a la altura de otros místicos maestros y al respecto decía:
    "Yo por espacio de más de treinta años traté muchas almas muy perfectas en la oración: pero esta santa mujer fue de las más perfectas que hallé en materia de oración".
    La hidropesía dañó la salud de Sor María de Jesús y fallece el 11 de junio de 1637, día de Corpus Christi. La Causa de Beatificación la quería introducir el Obispo de Puebla Juan de Palafox y Mendoza, pero fue su sucesor, Diego Osorio de Escobar y Llamas, quien ordenó el proceso informativo en 1661 y lo envió al Papa Clemente X, quien nombró Ponente de la Causa al Cardenal Carpegna.
    Sor María de Jesús de Tomelín realizó once milagros de sanación en vida y numerosos milagros después de muerta, algo poco común en las mujeres, según los especialistas.
    Se dice que una vez muerta comenzó a expeler su cadáver un aromático sudor, el cual fue recogido por las monjas que emplearon toallas y telas para conservar dicho líquido bendito. Al pasar el tiempo y cuando se abrió por primera vez su fosa, en el año de 1685, para verificar su santidad, persistía su aroma a pesar de no encontrarse su cuerpo.
    Algunas monjas tomaron tierra del sepulcro, con lo que se realizaron otros 29 milagros con la aplicación de esta tierra. Francisco Pardo cuenta que una monja utilizó dicha tierra, mezclada con barro del santuario de San Miguel, en Tlaxcala, para curarse un tumor.
    Así también, con la aplicación de sus reliquias se realizaron diez milagros. Un par de ellos se hicieron con un pedazo de su velo, gracias al cual se apagó un incendio en una de las celdas y muchas mujeres se salvaron en otra ocasión de una epidemia.
    El 21 de julio de 1785, el Papa Pío VI reconoció las virtudes de la Venerable Sor María de Jesús de Tomelín del Campo, iniciando así el examen de los tres milagros que entonces se pedían.
    Enrique Gómez Haro nos cuenta en su libro:
    "Era yo muy niño, y ya iba con mi papá al Convento de Monjas Concepcionistas, para visitar a la Venerable Madre, cuyo cuerpo, que decían estaba incorrupto, guardábase en una urna de revestimiento dorado, en una pieza de la planta baja, accesible a cuantos pretendían llegar hasta allí, en busca de alivio o de consuelo. ¡La Venerable Madre! Todos los poblanos hablaban de ella, tradicionalmente, como una religiosa muerta en olor de santidad".
    Sus restos se veneran en el salón anexo a la Capilla de Santa Gemma, en Avenida 4 Oriente, N° 412, en la Ciudad de Puebla, capital del Estado de Puebla, México.

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    quinta-feira, 11 de setembro de 2014

    MADRE MARIA ANA ALBERDI

    MADRE MARIA ANA ALBERDI

    Traemos a “al margen” la figura de una mujer, Madre María Ana Alberdi, Monja Concepcionista, que a pesar pasar toda su vida en el Claustro, tiene un gran interés para cualquier persona.

    “MADRE ENSÉÑAME A ORAR COMO LO HACÍAS TU”

    Estas palabras las decía a lo largo de su vida y las vivió la Madre Mª Ana Alberdi.

    Nació en Azcoitia (Guipúzcoa), el día 3 de mayo de 1912 y murió en Madrid el 27 de noviembre de 1998, a los 86 años de edad y 67 de profesión religiosa.

    Fue hermana gemela de un hermano, que también se consagraría a Dios, ella como Concepcionista Franciscana, él como Jesuita misionero. Los dos dejaron tras de sí una huella imborrable de santidad.

    Quedó huérfana con 7 años siendo acogida por unos tíos, que le procuraron una exquisita educación en un ambiente de amor y rectitud que influyó en ella toda su vida.

    A los 19 años ingresó en el Monasterio de “La Latina” de Madrid, el 1 de octubre de 1931, acompañada de su amiga, Sor Mª Margarita Arrieta.

    Era una joven de “esbelta figura”, con mirada limpia, que siempre conservó hasta el final de su larga y dilatada vida.

    Después de sus diferentes etapas formativas, hace su Profesión Solemne el 4 de mayo de 1936, teniendo que abandonar el Monasterio con las demás religiosas a los pocos meses, 18 y 19 de julio de 1936, obligadas por el estallido de la guerra civil.

    Pasado el conflicto bélico y una vez se pudo restablecer la vida común en el Monasterio, comenzará la etapa definitiva en la que la Madre Mª Ana forjará una vida de virtud cristiana, capaz de llevarla a esa vida de perfección que constataron todas cuantas personas tuvieron trato con ella, dentro de su propio Monasterio, monjas de otros Conventos y personas que la trataron por diferentes razones.

    Muy joven ya se la confiaron cargos de máxima responsabilidad en el Monasterio y en la Orden, como es el caso de Maestra de Novicias, primero, y Abadesa un poco más tarde, estando al frente del Monasterio durante 34 años.

    De carácter alegre abierto y firme, supo ir afianzando virtudes tan básicas que no siempre se encuentran en las personas a pesar de ello. La humildad, el espíritu de oración y de caridad, fueron motor de su vida para poder llevar adelante, de una forma abnegada y con gran sabiduría, todo el trabajo que a favor de la Orden tendría que afrontar. Pues, además de ser abadesa de su Monasterio, fue elegida durante 18 años, Presidenta de la Federación de Castilla de la Orden Concepcionista.

    Su gran humildad le hacía creerse que no valía para las responsabilidades que le daban. Esta experiencia profunda se constata cuando fue elegida Maestra de Novicias; “se sentía incapaz de ocupar aquel puesto”, pero enseguida supo asumir todo lo que las Constituciones describen de la Maestra, y, manos a la obra, desempeñó el cargo educando a trabajar de con esfuerzo y sin tregua para conseguir el objetivo de lograr buenas monjas Concepcionistas.

    La Madre Ana Alberdi fue una mujer, que la “esbelta figura” que mostraba a sus 19 años fue transformándose en el Señorío de Cristo que traslucen las personas cuando viven solo con Él y para Él.

    En los múltiples e interesantes testimonios recogidos en el libro de su biografía: “La Madre Ana Alberdi, el encanto de la experiencia cristiana”, hay abundantes testimonios acerca de la vida y personalidad de la Madre Ana, y de ellos es fácil constatar este rasgo importante de su Señorío, tanto en el cuidado de su persona, como en sus modos de comportamiento o en las formas amables y agradables con los que se comunicaba con las personas.

    Valga un solo testimonio para ilustrar lo que decimos: “Su persona infundía respeto y veneración por los gestos delicados que hacía y los modales educados y corteses que usaba”.

    Su profunda vida espiritual fue madurando con el paso del tiempo, de forma que en los últimos años de su vida vivió una íntima unión con la Santísima Trinidad de la mano de la Virgen Inmaculada. Pasaba las mañanas en adoración al Santísimo siendo admiración de todas sus hermanas por la unción y el respeto con que se entregaba a la oración por la Iglesia, por todos los problemas humanos que conocía, por su Comunidad, por la Orden..., todo lo llevaba ante Jesús con el interés que siempre mostró por las personas y sus problemas.

    Es lástima que en este primer acercamiento a la figura de la Madre María Ana Alberdi no dispongamos del espacio que requeriría ofrecer una semblanza más completa de su rica personalidad, pero no acabemos sin reseñar la forma heroica con que vivió particularmente su última enfermedad, de junio a noviembre de 1998, en la que dio testimonio de su unión con Cristo sufriente en la Cruz.

    En su penosa enfermedad admiró a cuantos la trataron, tanto por su delicadeza y bondad como por no quejarse nunca de nada. En los momentos más difíciles llamaba a la Virgen para que la enseñara a amar, y a Jesús le decía: “enséñame que quieres de mi”.

    Como se dijo más arriba, ella murió el 27 de noviembre de 1998, y a partir de ese acontecimiento las Hermanas de su Monasterio de “La Latina” no han dejado de recibir testimonios de las virtudes y vida de perfección de la Madre Ana, de forma que el Señor Cardenal Arzobispo de Madrid ha promulgado el decreto para la apertura de la causa de Beatificación y Canonización de la Madre Ana Alberdi.

    Para quienes estén interesados en conocer más de esta importante figura cristiana del siglo XX, tan próxima a nosotros, pueden leer el libro antes citado, cuyos datos completos son:

    La Madre Ana Alberdi, el encanto de la experiencia cristiana, de Ramón Alberdi, publicado en la editorial CCS, Madrid 2004.

    Y para cualquier otra información: solicitar estampas, comunicar gracias o favores o aportar donativos para la Causa, pueden dirigirse a:

    Madre Abadesa – Madres Concepcionistas “La Latina” –

    Calle Toledo, 52 – 28005 Madrid – Teléfono 91 365 56 82

    terça-feira, 2 de setembro de 2014

    Sierva de Dios Mª de los Ángeles Sorazu

    Sierva de Dios Mª de los Ángeles Sorazu

    La Sierva de Dios Ángeles Sorazu Aizpurua nació el 22 de febrero de 1873 en Zumaya (Guipúzcoa), siendo bautizada al día siguiente, en la Parroquia de San Pedro, en su pueblo natal, recibiendo el nombre de Florencia. 

                                                     Vista panorámica de Zumaia y de su iglesia parroquial de san Pedro

       Retablo y ábside de dicha iglesia

    Desde su más tierna infancia, la pequeña Florencia se ve adornada de gracias sobrenaturales que anuncian una predilección por parte de Dios. Florencia crece humana y espiritualmente, venciendo las dificultades y luchas propias de su edad; sin saberlo aún, camina hacia el descubrimiento de una vocación que la conducirá a formar parte de la Orden de la Inmaculada Concepción y que llevará a cabo en el Monasterio de La Concepción de Valladolid, donde ingresa el 26 de agosto de 1891. 

    Fachada del Monasterio de La Concepción de Valladolid.

    Cuando vista el hábito concepcionista tomará el nombre de sor Mª de los Ángeles, por su devoción a los Santos Ángeles, a quienes se encomienda con fervor. Emitirá su profesión solemne el 6 de octubre de 1892 y desde entonces se entregará con todo su ser a Jesucristo y a María Inmaculada, tomando a ésta por Reina, Superiora, Maestra, Directora y Madre. Una actitud la acompañó siempre: A partir del día que hice la consagración conté con la Stma. Virgen para todo. Sentía la imperiosa necesidad de ser toda de Dios en María.

    Mientras nada extraordinario acontece a la vista exterior, sor Ángeles va creciendo interiormente, bebiendo su alimento espiritual en el Catecismo –al que tendrá singular estima- y en algunas lecturas, entre las que destaca la Mística Ciudad de Dios –obra de M. Mª de Jesús de Ágreda, concepcionista y escritora mística del s. XVI-. 

    Mística Ciudad de Dios –obra de la venerable M. Mª de Jesús de Ágreda, concepcionista y escritora mística del s. XVI-. 

    Un acontecimiento de especial importancia en su vida es el momento en el que descubre el libro de los Evangelios, primero, y la Sagrada Escritura, después.

    En 1893 atraviesa una intensa purificación interior que ella vivirá apoyada en la Virgen María, su refugio y consuelo en este tiempo al mismo tiempo que su madre y maestra. La noche purificadora, vivida en heroica fidelidad y amor, la conducirá al desposorio espiritual que tendrá lugar el 25 de septiembre de 1894, fecha que celebrará todos los años durante toda su vida, como un momento singular de gracia y acercamiento a Dios.

    El 21 de febrero de 1904 es elegida abadesa de la comunidad, cargo que desempeñará con notable acierto, influyendo grandemente en el crecimiento espiritual y material de la comunidad.

    En julio de 1907 comienza una segunda purificación interior, más honda que la que viviera años atrás, que la dispone interiormente para el matrimonio espiritual, gracia que recibe el 10 de junio de 1911. Para esta fecha cuenta con el apoyo del que fuera el director espiritual que más influyó en el desarrollo de su vida interior, el P. Mariano de Vega, OFMCap. Gracias a él la Iglesia goza en la actualidad de la riqueza de los escritos espirituales de M. Sorazu.

    Consumado el matrimonio espiritual, M. Ángeles vive aún diez años más, a lo largo de los cuales va dejando constancia de los aspectos de la vida de unión con Dios, su contemplación de la vida humana y divina de Jesucristo, los atributos divinos, la lectura y comentario de diversos pasajes bíblicos, especialmente el Ct que aplica a la Virgen María.

    En la Navidad de 1920 hace unos ejercicios espirituales de cuarenta días con la intención de prepararse para la vida del cielo, según ella misma afirma. El 21 de marzo de 1921 confía a una de las religiosas más íntimas, que presiente cercana su muerte. Su salud se deteriora progresivamente. El 28 de agosto de 1921, expiraba tras haber compartido los padecimientos de Cristo, según ella tanto deseó y pidió en su oración.

    Destellos de una luz divina

    Más allá de unos datos biográficos, la figura de M. Ángeles trasciende la historia para transmitir un mensaje válido para los hombres y mujeres de todos los tiempos. A un siglo de distancia, su vida y sus escritos son testimonio y anuncio profético. Su experiencia, vivida en el asombro sereno que producen las cosas divinas y recogida sencillamente en unos pliegos de papel, pone en evidencia la existencia de Dios y desvela su rostro, al mismo tiempo que nos dice que no podemos permanecer indiferentes ante una realidad tan trascendente para el hombre como la presencia Dios mismo en la vida de cada hombre y mujer, y en el mundo entero, en medio de sus circunstancias y avatares.

    M. Ángeles nos habla de un Dios que es Padre, que nos ama infinitamente, cuya bondad y misericordia superan todos los cálculos humanos.

    El estilo con que M. Ángeles, enamorada de la verdad hasta el extremo, afrontó cada momento de su vida nos invita a eliminar de la nuestra todo engaño, vanidad o mentira para ponernos en la coherencia de quien deja iluminar su pensamiento por el Evangelio de Jesús para después actuar desde las convicciones de la fe.

    M. Sorazu nos invita a apostar por Cristo, a arriesgarlo todo por Él, a elegir con decisión y coraje el camino de la santidad, concretándolo en la realidad de los quehaceres cotidianos, de las anécdotas de la convivencia diaria, en las múltiples ocasiones que nos proporciona la jornada para hacer visible el amor, desde las cosas más grandes –cargos y tareas personales o sociales- hasta los más mínimos detalles en los que podemos percibir, con ojos atentos y corazón fraterno, las necesidades de nuestros hermanos, en quienes Jesús nos espera para decirnos: «A mí me lo hiciste».

    El ardor con que vivió enamorada de Jesucristo, hasta el «enjesusamiento» -como dirá ella misma- es una llamada elocuente a amar a Cristo apasionadamente, con una entrega incondicional que no conoce límites, cálculos o temores; que, dejándolo todo atrás se lanza hacia lo que está por venir, que estima basura todas las vanidades pasajeras de este mundo y cuyo único anhelo es la comunión con Cristo y con sus padecimientos, muriendo su misma muerte para participar en su vida gloriosa.
    Sus escritos, brotados como fruto de su contemplación, nos anuncian los preciosos rostros que podemos descubrir en Cristo: Salvador, Buen Pastor, Esposo y amante enamorado, se embelesa ante Cristo Rey, Mediador y Abogado nuestro ante el Padre, queda prendada de un Corazón que rebosa misericordia y bondad, que se hace Camino, Verdad y Vida para nosotros, que por amor al género humano se encarnó, abrazó la Pasión y la Muerte, resucitó para introducirnos en su gloria y que prolonga su presencia real en la Eucaristía.

    Sólo bajo el impulso del Espíritu Santo es posible vivir así. M. Ángeles nos habla del Espíritu de Dios como amor que purifica y enciende interiormente, que «volcaniza» -nos llega a decir en sus escritos-, que nos capacita para conocer y amar al Hijo y que, junto con el Hijo, nos eleva hasta el Padre y nos introduce en su intimidad.

    Aparición de la Inmaculada Concepción de santa Beatriz de Silva (S. XV) con el mandato de su veneración y la fundación de la nueva orden mariana, Orden de la Inmaculada Concepción de María.

    Y todo vivido con María Inmaculada, la Esposa por excelencia, la Madre que, introduciéndonos en su seno nos acerca a Cristo, que nos enseña a acogerle y seguirle con fidelidad y amor, que, a través del Rosario nos introduce en la contemplación de los misterios de su Hijo. La Madre que nos enseña a vivir como hijos en el Hijo amado y a ofrecerle nuestro corazón como morada perpetua, haciendo de él un templo vivo purificado y encendido por el fuego del Espíritu.

    «Brillan los astros y se alegran. Él los llama y responden: “Aquí estamos” y brillan alegres para su Creador» (Bar 3, 34s). M. Ángeles es una de aquellas estrellas que Dios puso en el firmamento de la Iglesia que, llamada por Dios, hizo de su existencia un permanente “Aquí estoy” y hoy brilla alegre para su Creador. Si lo miramos atentamente nos contagiará algo de su resplandor y también nosotros escucharemos la voz del Padre que nos llama por nuestro propio nombre a brillar gozosos para nuestro Creador.

    Santidad Concepcionista. En este arbol de representa los frutos de santidad que por mandato de la Santísima Virgen María a Santa Beatriz de Silva ordenó fundar la orden a ella dedicada para también tomar conciencia y  modelo a María, la "pobre" de Nazareth, que se fió de la Palabra de Dios y engendró al mismo Dios, tomando condición humana. Entre los frutos aparece la Sierva de Dios Mª de los Ángeles Sorazu, las Venerables María de Jesús de Agreda y la de Puebla, la sierva de Dios Mª Dolores y Patrocinio (Sor Patrocinio) y otras,... sobre la ciudad de Toledo, ciudad que vió nacer y crecer la orden desde sus inicios.

    Monjas concepcionistas franciscanas del convento de santa Úrsula de Alcalá de Henares (Madrid)

    Monjas concepcionistas del convento de la Inmaculada Concepción y de santa Beatriz de Silva de Alcázar de san Juan (Ciudad Real).

    Santa Beatriz de Silva junto a la sagrada Familia de Nazareth con la Bula papal de la fundación de la orden "Inter Universa" de Inocencio VIII en 1489. Y acompañada de las monjas santas y en camino de su reconocimiento eclesial. Quien porta el libro de la Ovejita de María es nuestra sierva de Dios Mª de los Ángeles Sorazu,  y quien lleva el libro de la Mística Ciudad de Dios, nuestra Venerable María de Jesús de Ágreda, en primer plano, sor Reglita, novicia de velo blanco del convento del Fuente Maestre (Badajoz); junto a nuestra sierva de Dios Mª de los Ángeles Sorazu, a su derecha, la sierva de Dios Mª Dolores y Patrocinio (Sor Patrocinio) (Guadalajara) y acontinuación la sierva de Dios Mª Teresa de Jesús Romero Balmaseda del convento de Hinojosa del Duque (Córdoba).
    Un libro recomendamos para conocer a nuestra concepcionista:
    Su autora Mª Nuria Camps, es la presidente de la federación de Castilla de las concecpcionistas franciscanas y vive en la comunidad del protomonasterio de Toledo (España).

    Oración:
    Padre óptimo, Dios nuestro, dador de todos los dones e iluminador y santificador de nuestras vidas:
    Tú, por la Inmaculada Madre de tu Hijo, derramaste maravillosamente las gracias de tu Espíritu Santo sobre tu sierva María de los Ángeles; si e stu voluntad, glorifica ante toda la Iglesia esta obra de poder y de tu amor y otórganos las gracias que te suplicamos por su intercesión. Por Jesucristo, tu Hijo, nuestro Señor. Amén.

    Agradecen comuniquen las gracias recibidas a:

    MM. Concepcionistas Franciscanas

    Calle Concepción, 4
    CP.47003, Valladolid
    Valladolid, España983 350 568

    http://idd0098d.eresmas.net/MSORAZU.HTM
    http://angelesorazu.blogspot.com.es/

    http://lasdiezvirgenessensatas.blogspot.pt/2014_04_01_archive.html

    sábado, 30 de agosto de 2014

    Venerável Irmã Maria de Ayala (+ Toledo, 13-10-1641)

     

    Irmã Maria de Ayala nasceu em Madri, Espanha, em 1559. Com poucos anos de vida ficou órfã de mãe. Se pai educou-a no santo temor de Deus, juntamente com sua Irma Ana. Depois, julgou melhor encaminhá-las para o Mosteiro Concepcionista de Toledo.

    Vestiu o Santo Hábito no dia 24 de Julho de 1592. Iniciada sua vida Religiosa fez propósito que de sua boca jamais saíssem palavras que não fossem precisas e prudentes. Buscava a intimidade com Deus de todo o coração, era muito devota da Paixão de Nosso Senhor e do Menino Jesus, nas festas da Imaculada Conceição de Nossa Senhor, resplandecia de alegria dizendo que os ares respiravam o amor de Deus.Tinha grande afeto á Nossa Santa Madre Beatriz, que gozava de grande culto público, antes do decreto do Papa Urbano VIII. Seu coração expandia-se diante da glória das festas em que se honravam a Santa Fundadora , sentia veementes desejos de que os veneráveis restos de sua amada Madre fossem venerados num sepulcro mais honrado, e pedia com insistência a Deus que esse desejo se tronasse realidade.

    Madre Catalina de Santo Antônio escreve a seu respeito: “Esta tinha grande desejo de ver sua Santa colocada em lugar mais digno, e rezando insistentemente e com grande afeto, pedia a Nosso Senhor, o qual querendo consolá-la, lhe mostrou que junto à arca, onde estavam os veneráveis ossos, estavam dois anjos fazendo-lhe companhia e honra, vestidos de cor roxa e com uma coroa nas mãos dando a entender pela cor, que a Santa, Havaí sido mártir pelo muito que padecera.”

    A princesa de Àsculi, que tanto amava Santa Beatriz e  era benfeitora da Comunidade, presenteou-as com um artístico mausoléu de mármore em 10 de Fevereiro de 1618, onde repousaram e recebiam culto as veneráveis relíquias de Santa Beatriz.

    Irmã Maria estava sempre pronta para ajudar no que fosse preciso, em ordem corporal ou espiritual. Agraciada por Deus, muitas vezes enxergava o interior das almas.

    Quando o Senhor quis levá-la para si, deu-lhe uma enfermidade longa e penosa. Rodeada carinhosamente por todas as suas Irmãs, entregou sua alma a Deus em 13 de Outubro de 1641, aos 82 anos de idade.

    quinta-feira, 3 de julho de 2014

    Los devotos de sor María en EE UU instalan una estatua de la franciscana

     

    Los devotos de sor María en EE UU instalan una estatua de la franciscana

    La imagen de la Venerable en Nuevo Méjico.La imagen de la Venerable en Nuevo Méjico.

    Actualizado 01/07/2014 18:11:22

    En la peregrinación anual celebrada en Nuevo Méjico, medio centenar de personas viajan por los distintos lugares de evangelización ligados a la Madre Ágreda.

    Ya son cuatro las peregrinaciones en honor a sor María de Jesús de Ágreda en la que devotos y fieles de la religiosa reconocen en Nuevo Méjico (Estados Unidos) la figura de la franciscana universal.

    Así, este sábado pasado, en torno a 50 personas se dieron cita en la ciudad de Alburquerque para desplazarse a las antiguas misiones franciscanas en el Monumento Nacional de las Misiones de la nación Pueblo de Salinas.

    La organización corrió a cargo del comité, que el doctor Henry Casso dirigió hasta su muerte, y ahora está presidido por Jerry Luján. Entre los miembros de esta comisión se encuentra el que fuese embajador norteamericano en España, Ed Romero.

    A las 7.15, hora local, los peregrinos partieron de Alburquerque y se desplazaron a la misión de San Agustín en la ciudad de Isleta, donde les bendijo el párroco, padre Pavamkott, allí también recordaron al promotor de estas peregrinaciones, el doctor Casso. Una vez llegados a la misión de San Gregorio de Abo, a las nueve de la mañana, fueron recibidos por los responsables de la nueva imagen que allí se ha erigido. Una hora más tarde, dio comienzo una eucaristía presidida por el párroco de la ciudad de Mountainair, el padre Sena. Durante la celebración fue dada como inaugurada la escultura de la realizada por el artista local Reynaldo Rivera y se leyó la carta que la madre abadesa del convento concepcionista de Ágreda, sor María Vega, había enviado. Para finalizar, una de las participantes, Juanita Chávez informó sobre el grupo de lectura de la Mística Ciudad de Dios que dirige. A continuación, llevaron en procesión la escultura de Sor María al lugar donde quedó emplazada.

    Después de un tiempo de descanso, hubo distintas presentaciones, la primera sobre la historia de las misiones por Marc Lefrancois; la segunda sobre el impacto de la Venerable en la nación Pueblo, por Frank Luján; la tercera sobre la presencia de la franciscana entre la nación jumana, a cargo de Enrique Madrid, y la última sobre las naciones Piro y Tompiro, impardia por Juan Benavidez. Durante este acto, se distribuyeron distintos recuerdos enviados desde el convento agredano y se dio por concluida la jornada con la oración que pide por la elevación de Sor María a los altares

    Galería

    Antigua misión de San Gregorio Abo.Antigua misión de San Gregorio Abo.